a fragile junkie manifesto.
Caía una fina garúa sobre la ciudad, los paraguas manchados por un halo de delicados estallidos, su luz parecía desvanecerse como un grito ahogado bajo el agua que se derrite con el murmullo de los transeúntes. Cada paso, late con precisión, late como el corazón de una bestia; cada respiración, cada alma, cada gesto, formaba parte de esta pseudo forma de vida, que la Ciudad parece ser, día a día. Dura, fría. Gris y perfecta. En ese día, el estaba ...